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Una simp谩tica ferlosiada

J. Benito Fern谩ndez escribiu non hai moito unha biograf铆a de Ferlosio (El inc贸gnito Rafael S谩nchez Ferlosio, Ardora), algo estra帽a supo帽o porque Ferlosio a铆nda vive pero non lle queda moito ao home, e tam茅n porque Ferlosio non se deixou nin rozar polo bi贸grafo. Esta 茅 a 煤ltima pregunta nunha entrevista a Benito Fern谩ndez que ilustra o caso:
P.- 驴E Italia? 驴Qu茅 huella dej贸 en 茅l?
R.- Es dif铆cil saberlo. El problema que tuve es que para reconstruir su infancia no pude contar con su colaboraci贸n. Se lo dije, le llam茅 y le dije que me gustar铆a tomar un caf茅 para hablar sobre todo de su infancia. Pero me contest贸:

隆Y QU脡 INTER脡S TIENE ESO!


Jes煤s, los demonios, los cerdos

Parece ser que Jes煤s fue requerido para ayudar a unos conciudadanos que hab铆an sido pose铆dos por uno o varios demonios particularmente desagradables. Tomando total control de las funciones corporales de estos pobres hombres, la taberna donde se encontraban pasando el rato se llen贸 en unos minutos de unos gritos terror铆ficos, peroratas en catorce idiomas, risotadas desquiciadas, golpes peri贸dicos de hueso contra madera, y gobernando por encima de todo un hedor denso y terrible, indescriptible en sus infinitos detalles. Jes煤s entr贸 en la penumbra de la taberna sorprendentemente poco perturbado, como si sus ojos llenos de gracia hubieran visto antes cosas peores, y lo que m谩s sorprendi贸 a los preocupados hombres que fueron a buscarlo, sin necesidad de taparse la boca y la nariz con un trapo empapado en azahar y an铆s como el resto. Alz贸 la mano y todos los gritos, carcajadas y golpes cesaron s煤bitamente, y todos los endemoniados se detuvieron como congelados en posturas impensables, respirando entrecortadamente, mirando con los ojos desencajados hacia el par de dedos que apuntaban al techo. Fue un momento muy de pel铆cula de vaqueros, el t铆pico momento tenso de antes de que empiecen a volar las sillas y se queme la p贸lvora. Pero la tensi贸n no se rompi贸 en un estallido, como las mentes entrenadas en el western estaban condicionadas a esperar. Un coro de fuelles empez贸 a alzarse sobre el silencio, de forma muy sutil y uniforme al principio, pero que pronto se enriqueci贸 de matices. Eran los demonios saliendo de los cuerpos de los pobres hombres pose铆dos. La tensi贸n en sus cuerpos iba poco a poco alivi谩ndose. Sus ojos se cerraban y las caras volv铆an a estar en paz. El olor se qued贸 en su mayor parte.

Los demonios iban desalojando los cuerpos, una bola transparente, como si fuera de aire muy caliente, se fue formando en la punta de los santos dedos de Jes煤s, que segu铆an se帽alando al cielo. Remov铆a su pelo y se reflejaba en sus pupilas con un color maligno. A pesar de que se pod铆a notar la lucha dentro de la bola, la santa cara de Jes煤s no perdi贸 ni un momento la serenidad. Cerr贸 los ojos y con un gesto de su mano rompi贸 la bola de aire y dej贸 que se desvaneciera hacia el exterior de la taberna. El movimiento hubiera recordado a cualquiera al t铆pico adem谩n jedi. Con la sensaci贸n de que lo que fuera que hubiera ocurrido ya hab铆a acabado, las gentes, los pose铆dos y los no pose铆dos, comenzaron a verse lo suficientemente a salvo como para empezar a recuperar la compostura, a mirarse unos a otros buscando aprobaci贸n, 't煤 tambi茅n lo has visto, 驴no?'. Jes煤s sonri贸 a todos y sali贸 afuera, de vuelta a la luz, por la misma puerta por la que los demonios se hab铆an disipado.

La paz no dur贸 demasiado en los alrededores de la taberna, ya que poco despu茅s unos gritos casi humanos comenzaron a alzarse, violentos y furiosos. Ven铆an de un peque帽o corral donde unos veinte cerdos pasaban el d铆a, y los alaridos ven铆an de hecho de los cerdos, que comenzaron a revolverse y a golpearse unos contra otros, mordi茅ndose los hocicos y mutil谩ndose las orejas. Las pobres gentes que hab铆an presenciado el exorcismo de la taberna, todav铆a no recompuestas ni por asomo de tal trance, se acercaron con miedo al corral, donde ya estaba Jes煤s abriendo el port贸n para dejar salir a los cerdos endemoniados. Cualquier estudioso de este tipo de artes que estuviera presenciando la escena y tuviera los arrestos suficientes para guardar la compostura ante tal visi贸n se habr铆a percatado de la enorme diferencia que separa a las personas de los cerdos en este asunto en concreto. Cuando las personas presas de los demonios hab铆an perdido todo rastro de humanidad en su mover, con su raz贸n totalmente nublada por la presencia demon铆aca, los cerdos manten铆an un buen sector de su ser a pesar de la tortura interna a la que estaban siendo sometidos. En cuanto vieron la valla levantada, salieron en estampida de una forma brutal y pat茅tica, con espuma en sus bocas y con los cuerpos recubiertos de una costra repugnante de sangre y tierra, en direcci贸n al lago sin nombre que daba vida al pueblo. El agua sise贸 y burbuje贸 a su entrada, y los cerdos se fueron alejaron de la orilla nadando para luego dejarse caer al fondo, prestos para encontrar all谩 un descanso.

Cuando el agua se calm贸, las miradas volvieron a Jes煤s, que hab铆a vuelto a cerrar el port贸n innecesariamente, pues ya no quedaban cerdos por cercar, y musit贸 un perd贸n a los animales por el sacrificio que hab铆an realizado.


隆Cantas Capas!

Con certa orde: